Su primera guitarra llegó a sus manos por pura curiosidad cuando solo tenía tres años. Entonces solo acariciaba las cuerdas durante diez segundos todos los días, mientras su padre, en casa, la sostenía en brazos frente a la estantería donde descansaba aquel instrumento que era más grande que ella. De alguna manera, María Ruiz nació ahí.
Cómo imaginar que años después nacerían tantas canciones, su única forma de nombrarse, construirse y contarse el relato del mundo. Entre su guitarra y sus cuadernos pasaron los años hasta que se subió por primera vez a un escenario como vocalista de "Calle Tijuana", su primera banda y su segunda familia.
En estos años también se graduó en Educación Social. La música y la educación son los amores de su vida: "somos una trieja inseparable, no podemos vivir las unas sin las otras y eso será así siempre. Es de las pocas certezas que tengo en la vida", cuenta.
A finales de 2019 empieza a darle forma a lo que se ha convertido en el proyecto más especial de su carrera: "El Vuelo". Y no sólo por lo que significa y por lo que cuenta, sino por la forma en que decidió gestarlo.